Don Salvador Aguilar, cura del Pino


Salvador Aguilar Rosales nació en el barrio aruquense de Bañaderos, en la costa norte de la isla.


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Cuando en los años sesenta llegó a Teror como coadjutor, la gente no podía creer que aquel joven expresivo, que no paraba, dinámico y hasta alegre fuera cura. Acostumbrados a la adusta gravedad de Monseñor Socorro y a los anteriores coadjutores y capellanes del Císter -siempre en los alrededores del día a día de la Basílica del Pino- Salvador Aguilar fue en gestos, en impronta, en actividad, en relación con la juventud y con la feligresía interesada en participar de la vida religiosa terorense, como un adelanto del Vaticano II en la Villa Mariana. Ello se plasmaría en los años siguientes en su actividad como orador y conferenciante, desarrollando temáticas como el papel del seglar en la Iglesia del postconcilio, el de Cáritas y su progresiva implantación en las parroquias, la Iglesia como comunidad de culto, la intervención de los sacerdotes en los centros educativos o la colegialidad.

El pueblo de Teror lo bautizó enseguida como “el cura bonito” y así lo recuerdan muchas personas aún hoy en día.

Como coadjutor de Teror estuvo hasta fines de 1970, cuando el obispo Infantes Florido decidió destinarlo como párroco a la Candelaria de Moya en sustitución de don Nicolás Rodríguez.

En una convulsa década donde los cambios se sucedían uno tras otro y donde una figura que marcó durante años al obispado de Canarias como fue el obispo Pildain decidió apartarse para dejar entrar esos nuevos aires que nacían de los cambios conciliares, el coadjutor Aguilar llegó a convertirse desde la discreción y la humildad de un segundo puesto en una mano derecha para el cura Socorro, que lo necesitaba y en el que don Salvador actuó siempre con la corrección del que sabe estar.

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Y lo hizo: estuvo en todo lo que en esos años ocurrió en Teror; y la confianza de Monseñor Socorro en él fue absoluta. Visitas de generales, príncipes, miembros de casas reales, organización de eventos tuvieron en él la mano segura que Teror necesitaba acompañando a su párroco, que confió en él tanto que cuando el 19 de diciembre de 1965 la Virgen del Pino regresó tras su estancia en Las Palmas por la campaña del Padre Peyton por la Cruzada del Rosario en familia y la culminación del Vaticano II; en el acta notarial de don Juan Zabaleta de entrega de la imagen por parte del Cabildo Catedral, fue don Salvador Aguilar Rosales quien firmó representando a la parroquia donde retornaba.

Él afirmó tras el fallecimiento de Socorro en 1973 que “era un hombre con verdadera majestad, al estilo de la de Pildain. Yo a veces me sentía cohibido. Tenía un imponente "déjame entrar", tanto para los que eran católicos como para los que no tanto tiempo orando, pues, sinceramente, yo terminaba rendido si lo seguía. Y don Antonio me respondió: "Mira, si no oramos los sacerdotes no sacamos nada”

Cuando el pueblo de Teror se enteró de su traslado a Moya después de nueve años, se hizo patente el descontento. Un cronista de hace medio siglo afirmaba que el traslado no había sido bien acogido por la juventud ya que “era el hombre indicado a encauzar y formar a los adolescentes en el aspecto moral y espiritual” y que con su partida se creaba un grave problema, al quedar la villa huérfana de sacerdotes Jóvenes, los cuales se necesitaban con urgencia “para llevar a cabo una labor pletórica de ilusión y ansias de trabajar en la ardua misión de conducir a los seglares por ese angosto camino que va al cielo”.

Una labor que don Salvador Aguilar ha sabido llevar adelante en Moya, en Schamann, en los distintos encargos que la diócesis le ha encomendado y sobre todo en su relación.

En los distintos homenajes que a fines de 1970 e inicios del siguiente año, se le hicieron se sumaron todos pero significativamente los niños y niñas de las escuelas y sus maestras y maestros; y las varias intervenciones destacaron sobremanera su responsabilidad, dignidad, éxito, influencia y estima.

En Moya a los diez años de la Bajada de Peyton pudo tener el papel que tuvo en otro acto cultural de relevante importancia para la Villa Verde. El 25 de octubre de 1976 bendijo la inauguración y apertura de la Casa-Museo Tomás Morales.

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Toda una extensa, profunda, implicada labor que lo convertirían como Clemente Iniesta describiera acertadamente, en un cura canarión, amable, sumamente bonachón, con sensacional labor de apostolado, y que con su verbo fluido, ameno y expresivo, ha hecho llegar con intensidad la doctrina de Cristo al corazón de los fieles; a la vez que en cargo relevante de Cáritas Diocesana o a una canonjía de nuestra Iglesia-Catedral.

Camino que le llevaría en periplo emotivo del Pino a la Candelaria para terminar en el Pino pasando por Los Dolores.

A la parroquia del Pino de Las Palmas llegó en 1993 allí lleva desde entonces. Quizá porque, tal como el mismo reconociera en una entrevista, puede que sea generoso y caritativo, pero tajante y taxativo en cuestiones como por ejemplo la confesión porque es potestad exclusiva de los curas. Un carácter amable a la vez que firme que hizo que cuando en agosto del año 2007, el ayuntamiento de Teror decidiera celebrar una mesa redonda que tuve el honor de moderar para hablar sobre los ochenta años de la llegada a Teror del párroco Antonio Socorro Lantigua fuera Salvador Aguilar el representante de los muchos sacerdotes que habían acompañado a Socorro en sus 46 años de permanencia en el cargo quien nos acompañara en aquella conversación.

Cuando hace un siglo, el nuevo templo que surgía en los Arenales de la capital por decisión de don Luis Antúnez fue bendecido por el obispo Marquina; éste bajó para ello desde Teror donde permanecía convaleciente desde fines de septiembre de aquel año.

A fin de cuentas, una iglesia que es considerada con afecto por los terorenses como la segunda casa de Nuestra Señora del Pino ha tenido y sigue teniendo al día de hoy mucha relación con la Villa que vio nacer la advocación.

Uno de esos lazos imperecederos que nos unen es la figura y obra de don Salvador Aguilar Rosales y tenemos la suerte de contar aún con su presencia para agradecérselo.

José Luis Yánez
Cronista Oficial de Teror

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