¿Más solidarios o más buenos? De eso, nada: más crispados

transport 2262256 1920

No resulta complicado echar la vista atrás a cuando el 2020 se convirtió en un infierno para todos. Corría a sus anchas el mes de febrero cuando empezamos a oír hablar de algo llamado coronavirus que estaba matando a muchísimas personas en China, nos lo tomamos a risa. Llegó marzo y el nuevo virus a España. Estado de alarma. Todos en casa encerrados y empezaron las promesas de buena voluntad. Los aplausos a las siete en los balcones. Todos íbamos a salir más buenos de esto. Estaba claro, siempre se ha dicho “lo que no te mata, te hace más fuerte” y en este caso, más noble.

Poco a poco, se empezó a perder el miedo al virus y a la muerte: “Mientras los muertos no sean los tuyos no te van a doler”. Y con el miedo, ojo estoy generalizando siempre hay excepciones, se perdió también la buena voluntad. Por supuesto ya no se aplaude, pero no solo eso, es que por no hacer, ya ni se agradece.

Los sanitarios siguen cansados, ellos siguen luchando contra la pandemia, que sigue cobrándose miles de vidas en el mundo. Quizá ahora un poco más lejos. Según cuentan en los medios en España, salvo algún que otro rebrote rebelde, cada día hay menos contagios. En Canarias menos aún, ya hay islas completamente “covid-free”. Los turistas empiezan a llegar, nos visitan los Reyes... narro de esta forma tan rápida e inconexa porque así, de esa misma manera es como se nos está olvidando todo. De forma rápida e inconexa se nos olvidaron las promesas de buena voluntad.

Mirar las noticias resulta ahora dañino, aunque cada vez menos por el virus, por las situaciones que se dan, por la falta de empatía.

Una de las noticias más relevantes de esta semana sucedió en los probadores de una conocida tienda de ropa. La dependienta indica a una compradora que, por las medidas de seguridad tomadas debido a la pandemia, solo puede acceder al probador con cuatro piezas, de las seis que ella quería probarse. La joven, reaccionando de muy malas formas, lanza la ropa a la cara de la trabajadora. Una mujer de más edad, que se encontraba en la misma zona, trató de mediar a favor de la dependienta y se armó la de San Quintín. Ambas clientas llegaron a las manos, teniendo que mediar una tercera. Concluyendo el espectáculo con la primera -y más joven- dando patadas y puñetazos a las dos mayores que estaban tiradas en el suelo y teniendo que intervenir la policía.

Y este es uno de los muchos ejemplos que se ven, se oyen y se leen cada día de personas crispadas, que no aceptan que la situación ha cambiado, que las medidas de seguridad están para respetarlas y que seguimos en medio de una pandemia mundial.

Los globlos, los aplausos y las promesas quedan atrás como una nebulosa, en el recuerdo de todos, como queda el primer asiático que se comió el murciélago, o el laboratorio del que se escapó sin querer el coronavirus, sea cual sea la teoría que cada uno crea acerca de cómo empezó este infierno. Queda lejos, muy lejos y borroso.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento