Teror pierde a Maruca Déniz, antigua vendedora del Mercadillo municipal

Teror ha perdido a una de sus más conocidas vendedoras del Mercadillo de Teror, María Dolores Déniz Torres, conocida por Maruca ‘la Galinda’, que falleció en la noche de este miércoles 1 de julio, a los 93 años de edad, después de una vida dedicada a la venta ambulante de objetos de artesanía y hojalatería. Desde el Ayuntamiento de Teror, y de la Radio municipal de Teror, donde colaboró semanalmente durante varios años,  se ha transmitido a sus familiares las condolencias. El acto de inhumación de Maruca tendrá lugar este viernes 3 de julio, a las 11:00 horas en el Cementerio parroquial de Teror.

Maruca era una mujer de carácter luchador y enérgico, bondadosa, de buen corazón. A ella misma le gustaba decir que si se ganara la lotería lo compartiría con las personas necesitadas. Era una gran conversadora, y cada semana, los viernes, estaba en la emisora municipal Radio Teror contándonos sus vivencias y anécdotas en el espacio “Cosas de Antes”, del magazine “Las mañanas de Teror”.

Cuando Maruca decía su edad, nos parecía increíble. Tal era su energía y pasión por la vida. Fue una comerciante nata y al mismo tiempo una madre de familia numerosa entregada a las labores de la casa.

Maruca Déniz Torres se “jubiló” en el año 2010 de su puesto en el Mercadillo de Teror al operarse de la cadera, tras toda una vida vendiendo cacharros, faroles, objetos de latón y artesanía de la de antes. Pero al mismo tiempo fue madre de 4 hijos que sacó adelante con muchos sacrificios y en tiempos difíciles. También era abuela y bisabuela.

El Mercadillo de Teror fue para Maruca “La Galinda”, como cariñosamente la conoicíamos en Teror, toda su vida. Sus padres Pedro y Esperanza y sus abuelos también vendían en el Mercadillo. Desde que estaba en el vientre de su madre  respiró el ambiente comercial del Mercadillo, a donde iba muy pequeñita con ellos. A los 17 años se casó con el joven boxeador procedente de Telde, Carlos Ojeda Cruz, que luego aprendió el oficio de latonero, y se instaló en Teror convirtiéndose en un conocido artesano.

Son muchas las anécdotas y experiencias que vivió Maruca. Durante tres años acompañó a su marido a El Aiún, a donde emigró hasta 1975. Allí decidió sacarse el carnet de conducir, que siempre fue su gran ilusión. A Maruca le encantaba conducir, y hasta casi los 90 años de edad no abandonó esta pasión. Alguna vez declaró que “si fuera más joven, me gustaría ser piloto de Fórmula 1”. A Maruca se le iluminaba la cara cuando hablaba de coches de carrera. Reconocía que siempre le gustó correr.

Maruca fue siempre una mujer valiente; una mujer “Fórmula 1” en todos los sentidos: sabía afrontar y controlar las situaciones extremas sin perder el control. Había vivido momentos muy duros a lo largo de su vida, como la pérdida de su marido, y de alguno de sus hijos. Pero hasta el último momento mantuvo las ganas de vivir y de seguir adelante.

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