Entrevista con Scherezade Vera


Scherezade Vera, nacida en Barcelona en 1989, es una de las participantes en la antología solidaria “La navaja del silencio” donde más de una veintena de escritores se unen para dar voz a víctimas de abusos sexuales.


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¿Cómo llegaste a participar en “La navaja del silencio”?

Rubén Falgueras, el fundador, y yo somos amigos de la infancia. Yo había seguido su trayectoria durante estos años, y hace unos meses me creé una página como lectora y escritora. Muchos de mis textos estaban relacionados con abusos y salud mental, tanto por mi experiencia personal como por mis estudios de integración social. Supongo que por eso y por nuestra relación, Rubén decidió darme la oportunidad de participar en la antología.

¿Te ha sido muy duro escribir sobre un tema tan delicado como los abusos sexuales?

Mucho, muchísimo. Cuando Rubén me dijo de participar no pensé en lo duro que podría ser para mí. En realidad el problema para mí no fue escribir sobre abusos, pues es algo que ya solía hacer, pero mis textos eran cortos. El relato requiere de una complejidad mayor, y más en mi caso, que decidí relatar mi vivencia personal. Hay dos cosas que no tuve en cuenta al empezar, debido a mi inexperiencia. Primero, la revictimización; lo había estudiado en integración social muy por encima, en casos donde el causante es el sistema público. En este caso la causante era yo, intentando recordar y plasmar las consecuencias de los abusos en el ordenador. Eso, sumado al hecho de leerlo y releerlo, al final me acabó provocando una pequeña crisis de revictimización, que solucioné en parte en terapia y en parte incorporando ficción en el relato. La segunda cosa que no tuve en cuenta fue la longitud del proyecto. Pensé que no eran tantas páginas, y quizás no lo hubieran sido si el tema fuera otro. Hay días en los que escribí veinte páginas seguidas perfectamente, pero al ser algo tan duro tendría que haber trabajado desde el principio con una escaleta. Tendría que haber trabajado con los tiempos bien marcados, básicamente por mi salud mental, porque me ha perjudicado durante estos meses. Pero he aprendido y salido fortalecida de esta crisis y eso es lo importante.

¿Cuánto tiempo le llevó escribir su relato?

El tiempo de escritura es relativo, escribí las primeras siete páginas en dos o tres días. Es donde está la parte personal. Ahí entré en un bloqueo porque intentaba recordar más. Después de eso estuve tres o cuatro meses pensando en cómo podría continuar, cómo rellenar los huecos de mi memoria, algo que no se debe hacer cuando hay un trauma. Si tu cerebro decide borrar archivos es por algo, no intentes recuperarlos por ti mismo/a. Mi intención era narrar el proceso de terapia que seguí para superar los abusos, pero mi proceso terapéutico en aquel entonces fue muy duro y también estaba lleno de lagunas de memoria, así que estuve pensando en cómo seguir el relato. Y eso es parte de la escritura, no es solo escribir. Mi psicóloga me dio la idea de cómo continuar, quería leer algo donde yo me proyectara en el futuro, y de ahí salieron las otras ocho páginas que escribí en unos cinco o seis días. Aquí ya introduje investigación, y eso me llevó más tiempo. Me quedan unas líneas para terminar el relato y repasar, más todas las correcciones que haga la bendita correctora. 

¿Qué se pretende conseguir con esta antología?

Primero visibilizar: yo tardé muchos años en poder contar que había sufrido abusos. Con estos relatos intentamos dar voz a las/los que aún no han podido. Intentamos decirles que no importa su género, su edad o su nacionalidad; que la culpa siempre es del agresor; que hay salida; que somos vulnerables pero no débiles; que somos luchadores/as; y sobre todo que no están solos/as.

Segundo recaudar fondos: todos los beneficios irán a la Fundación Vicki Bernadet, una asociación benéfica que hace formaciones para prevenir los abusos en la infancia, da apoyo psicológico a las víctimas y da asesoramiento legal. Elegimos esta fundación por su trayectoria y porque al final muchas de las víctimas de abusos en la infancia también lo son en la etapa adulta, así que pensamos que sería bueno ayudar a una asociación que lucha en ambos lados.

Y tercero, normalizar: cuando digo normalizar no me refiero a que sea normal que abusen de nosotros, me refiero a que dejen de estigmatizarnos. Es algo que pasa continuamente, dejemos de estigmatizar a las víctimas y tratarlas como si fueran a pegarnos una venérea, como si fuéramos mentirosos/as destroza hogares o tengamos la lepra. No vamos a ponernos a llorar por las esquinas, y si lo hacemos estamos en nuestro derecho. Tratadnos como personas. Dejemos de culpar a la víctima. Dejemos de hacer las campañas de prevención enfocadas a la víctima y no al agresor. Un profesor me dijo que mejor no contara tan a la ligera que había sufrido abusos porque la gente podría reaccionar mal, y lo decía de todo corazón y con todo el saber, porque pasa, porque yo puedo contarlo delante de toda la clase y darme igual como reaccionen, porque llevo años de proceso terapéutico. Pero no todo el mundo puede hacer eso. Porque los abusos no están normalizados en esta sociedad, y eso pretendemos. Que todo aquél que no lo haya sufrido piense, se replantee su forma de vernos. Estos relatos no son solo para las víctimas, son también para vosotros; para que nos veáis, nos escuchéis y nos sintáis; para que luchéis a nuestro lado porque solos no podemos.

¿Cuál fue su primer trabajo literario?

Pues fue otra antología de varios autores alumnos de la escuela Tinta Púrpura, un homenaje a Edgar Allan Poe: El faro, «Que Dios se apiade de mi pobre alma», de Tinta Púrpura Ediciones. Se trataba de continuar el relato inacabado de El Faro. En realidad comenzó como un ejercicio de clase, pero a la profesora le gustó tanto el resultado y la disparidad de finales que lo convertimos en una antología.

¿En qué se inspira a la hora de escribir?

En todo, en mi vida, en la música que escucho, las series que veo, las conversaciones que tengo y que me imagino tener. Precisamente empecé a escribir para acallar las voces de mi cabeza, y aquí pareceré esquizofrénica pero no, solo muy imaginativa. Comencé a escribir como terapia, así que soy muy emocional en mis textos. También se nota mi vena de estudiante de integración porque añado muchas cosas sociales. Con esta crisis no solo dejé de escribir en este relato, perdí la inspiración en todo. Y ahora que estoy mejor espero ir recuperando poco a poco mis otros proyectos y aprender a organizarme mejor.

¿Es un autor de mapa o de brújula?

Mitad y mitad. Me he dado cuenta de que soy mucho más productiva con mapa, pero si es una historia corta soy de brújula. Así que, si es algo extendido, donde no me lo pueda quitar de una sentada, necesito un mapa. Todavía estoy aprendiendo, y el mapa en realidad lo tengo más en la cabeza. Pero tengo que aprender a plasmarlo en papel y sintetizar, porque las historias que he hecho con mapa han fluído mucho mejor; si no corren el riesgo de acabar en la carpeta de inacabados.

Como lector, ¿a qué autores admira? ¿Cuál es su género favorito?

Me gusta mucho Elísabet Benavent por su sencillez, aunque no escribe un género que me entusiasme, cuando quiero una historia sin grandes complicaciones la leo a ella.

También admiro a Carlos Ruiz Zafón, porque tiene o tenía una forma de escribir tan bonita… Al contrario que la de Elísabet, no me parece nada sencilla; es admirable como te atrapa y, a pesar de su complejidad, se entiende perfectamente. Sus libros me parecen una obra de arte. Mi género favorito supongo que son los thrillers o novelas negras.

Y por último me inspira mucho Jean Austen porque es con quien descubrí la literatura, y eso siempre permanece. Hay novelas que amo y otras que no tanto, pero eso pasa con todo el mundo.

¿Qué consejos darías a los escritores que se inician en el mundo de la literatura?

Paciencia, al principio este mundo es bastante abrumador. A mí aún me abruma y todavía me queda mucho que aprender. Date tiempo, escucha los consejos de las personas que saben, no te tomes las críticas a lo personal. Y si te puedes permitir algún curso de escritura hazlo, porque la verdad yo sin el curso hay tantas cosas que no sabría y no sabría a quién preguntar... La alternativa gratuita es empaparte con blogs de escritores y de correctores. Los correctores son una parte esencial de este mundo, son los que corrigen nuestros desastres, busca también sus blogs. Socializa, no tengas miedo de hablar con la gente. No tengas prisa por publicar, cuando vayas aprendiendo te darás cuenta de que lo primero que escribes no está listo para ser publicado. Así que paciencia, ¡y mucha suerte!

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