Antonio Becerra ahonda en la influencia de Tomás Morales en la obra de Fernando González en el Seminario sobre Modernismos

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El doctor en Literatura y Teoría de la Literatura Antonio Becerra diserta, el día 19 de noviembre, sobre el escritor modernista canario Fernando González (Telde, 1901- Valencia, 1972), sobre la importante de Tomás Morales en su obra, de cómo se articula el mito y de cómo lo toma como maestro para reclamar para él un lugar en la lírica canaria y nacional. Esta conferencia está enmarcada en el Seminario Sobre Modernismos que organiza la Casa-Museo Tomás Morales durante cuatro jornadas.

La charla ‘Fernando González: La devoción al maestro’ será a las 18:00 horas y es la primera conferencia de la segunda jornada del Seminario enmarcado en el Centenario por la muerte del poeta atlántico. En ella detallará parte de la vida y obra de González y también cómo, con el paso del tiempo, “va ‘aquilatando’ esa ambición poética y varía su escritura, pero no su juicio sobre Tomás Morales”, explica Becerra, profesor titular de Literatura de la ULPGC.

El poeta, catedrático de Literatura y abogado Fernando González, que estudió en Tenerife y posteriormente en Madrid, participó activamente en la publicación del primer libro de ‘Las rosas de Hércules’ de Morales en 1922 y después, con el paso de los años, cuando regresa a Canarias en los años 60, tras su proceso de depuración, empieza de nuevo a poner en valor la obra de Morales.

González llegó a asegurar que Góngora, Rubén Darío y Tomás Morales eran los grandes poetas de la tradición hispánica. “El hecho de que él continué rindiéndose sobre el maestro es sintomático, él no deja de tenerla y construye un mito de Tomás Morales porque a él le interesa, pero es una cuestión de motivaciones personales”, detalla Becerra, al tiempo que agrega que perseguía la idea de crear una escuela con los modernistas canarios porque sabía que de esa manera esa tradición iba a continuar e iban a estar vinculados muchos poetas, entre ellos, él.

Para Becerra, la poesía de González es “curiosa”, porque no es muy experimental, aunque sí en ocasiones. Empieza a ser un poeta modernista, que tiene a Morales, Rubén Dario y Amado Nervo como referente, pero en alguna medida, como Juan Ramón Jiménez, va aquilatando y simplificando la expresión poética, explica.
Y pese a vivir durante varias décadas fuera de la Isla, mantiene sus raíces. En el libro ‘Hogueras en la montaña’ (1924) hace referencia explícita de cómo en Telde, la noche anterior de que los jóvenes emigraran a América, la gente encendía hogueras para que no perdieran el referente de la isla. “Es un libro muy interesante, en el que está todo lo que él vivió, él se siente un emigrante, como sus hermanos que fueron a América”, asegura.

De hecho, fue uno de los poetas del exilio interior ya que por cuestiones políticas estuvo depurado entre 1939 y 1957, y no pudo ejercer la docencia. “Si se hubiese marchado de España, como otros poetas, a lo mejor hubiese desarrollado una obra más potente. Es un poeta extraño, que tiene poemas magníficos, pero tiene una obra desfasada y que además responde a otras intencionalidades más allá de las puramente estéticas”, explica Becerra.

Los últimos textos que publicó fueron en 1949, ‘Ofrendas a la nada’, aunque en 1966 se editó una antología de su obra, ‘Poesías elegidas’, con prólogo de Joaquín Artiles. Muchos de los libros que él publica son escritos en periodos muy concretos de su vida, añade Becerra sobre este poeta que mantuvo una estrecha relación con Alonso Quesada, Saulo Torón y Tomás Morales.

Pero al margen de su obra, lo interesante de González es que es la memoria de toda la poesía española, ya que se cartea con los grandes referentes. “A lo mejor no es el gran poeta canario, pero es un poeta con una gran influencia”, agrega. Además, es muy generoso porque ayuda a los poetas canarios y los incluye en la Colección Halcón que hace en Valladolid con muchos de los grandes poetas españoles de la época, que estaba dirigida por Miguel Delibes porque él no pudo significarse por cuestiones políticas. González, además de poeta llegó a ser candidato a diputado en la Segunda República y mantuvo una amistad con Manuel Azaña.

A lo largo de su vida publicó ‘Canciones del alba’ (1918), ‘Manantiales en la ruta’ (1923), ‘Hogueras en la montaña’ (1924), ‘Reloj sin horas’ (1929), ‘Piedras blancas’ (1933) y ‘Ofrendas a la nada’ (1949). A principios de la década de 1970 el poeta gestionó la adquisición de su biblioteca y archivo por parte del Cabildo de Gran Canaria. Hoy la citada biblioteca y archivo se encuentran en las dependencias de la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria.

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